viernes, 25 de diciembre de 2009

¿Quién nos conoce?

Ayer oí en una emisora de gran audiencia calificar a Einstein como “el matemático más grande de la Historia”. Quien lea su biografía sabrá que tuvo dificultades para expresar sus dos teorías de la Relatividad en lenguaje matemático. En la Especial, fue Minkowski quien creó las herramientas más adecuadas para expresarla, y en la General, por consejo de Grossmann, tuvo que acudir a la geometría de Riemann, con gran esfuerzo de comprensión y estudio. Este detalle no merma en absoluto su genio, que sí ha sido uno de los más destacables de la Historia, pero no como matemático.

Esta anécdota me ha hecho reflexionar sobre lo poco que sabe el público sobre la actividad de quienes nos dedicamos a las Matemáticas. No tenemos Premio Nobel, no se sabe en qué cuestiones se trabaja actualmente y a nadie emociona los logros fundamentales de esta disciplina. Si le contamos a alguien la noticia de la demostración de la conjetura de Poincaré, temeremos que nos pregunte que de qué va esa conjetura, porque ¿cómo explicarle que afirma que “la esfera tridimensional, también llamada 3-esfera o hiperesfera, es la única variedad compacta tridimensional en la que todo lazo o círculo cerrado (1-esfera) se puede deformar (transformar) en un punto” (texto tomado de la Wikipedia)?

Lo tenemos difícil.

Cuando aparecen matemáticos en la televisión o el cine (por cierto, casi siempre varones) se diseñan sus personajes como seres extraños, de conducta caprichosa, y a menudo relacionados con problemas de autismo. Yo dejé de ver una serie de televisión por ese motivo. Por el contrario, el tratamiento que hace Amenábar sobre la figura de Hypatia de Alejandría en su película “Ágora” me pareció mucho más ponderado y cercano a lo que tuvo que significar su figura. Es la excepción, porque al ver otras películas se nos puede quitar el deseo de tener un amigo o una amiga matemáticos.

¿Qué podemos hacer?

Me temo que muy poco. Nuestra principal virtud, que es la de querer demostrarlo todo (casi todo), tampoco es muy bien entendida. Por ejemplo, si la conjetura de Goldbach está comprobada hasta llegar a exprimir toda la potencia de nuestros ordenadores, ¿por qué nos empeñamos en demostrarla?

En este blog tenemos el mismo problema. Al usar la hoja de cálculo, es relativamente fácil encontrar números que cumplan una condición, pero siempre intentamos demostrar después lo que aparece claramente en la pantalla del ordenador. Es muy estimulante programar un código que nos resuelva un problema, pero nunca queremos quedarnos ahí. Hay que probarlo, e incluso a veces "damos vueltas" al problema.

Esta pretensión de obtener una demostración, así como nuestra manía de generalizarlo todo, sabemos que nos separa un poco de la gente no matemática. ¿Es un precio muy alto el que pagamos? Que cada cual juzgue.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Decía Galileo Galinei (1564-1642), que las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios había escrito el Universo. Por el contrario, G.H.Hardy(1877-1947) decía, que las obras del matemático o del pintor, deben ser bellas. La belleza es la primera prueba: en el mundo no hay lugar permanente para las matemáticas antiestéticas.
Las matemáticas no mienten, decía el filosofo y anarquista estadounidente Henry D.Thoreau(1817-1862), lo que hay son muchos matemáticos mentirosos. Socrates(470-399 a.C) apostillaba, que las matemáticas son una gimnasia del espíritu y una preparación para la filosofía.
Sin matemáticas no se penetra hasta el fondo de la filosofía; sin filosofía no se llegará al fondo de las matemáticas; sin las dos no se ve el fondo de nada.
Pitágoras de Samos (578-500? a.C.) aconsejaba, "educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres".
Personalmente, me quedo con la frase del historiador y pensador inglés, Thomas Caryle(1795-1881), "con números se puede demostrar cualquier cosa".
Las personas que dedican su vida a las ciencias imprescindibles, como la medicina, la filosofía o las matemáticas son, por lo general, incomprendidos por el resto de los mortales. Conocerán todo del personaje de turno creado en una televisión, pero desconocerán el nombre del cirujano que les salvó la vida.
Los matemáticos tampoco se salvan. Si suspendes a alguien dirán de tí que eres una mala persona. Si apruebas cuando no se lo merece, no sólo no te lo agaradecen, sino que puede que encima te exijan nota.
Amigo Antonio, los que nos dedicamos a las matemáticas, nos conformamos que saber que, alguien al que ayudamos, ha triunfado en la vida. Esta es nuestra mejor recompensa.
Un saludo
Rafael de Barcelona

Antonio J. Pan dijo...

Excelente entrada. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices.

Por cierto que la película de Hipatya es fenomenal. La única pega es que quizás se centra demasiado en presentar al personaje como astrónoma más que como matemática, si bien es verdad que en la época no había diferencia entre una cosa y otra.

Antonio Roldán Martínez dijo...

Gracias a ambos, Antonio y Rafael, por vuestra intervención en el blog.

Respecto a Hypatia, ayer mismo estuve comentando con un amigo que también se debía destacar más su papel como filósofa, como maestra de la vida para muchos jóvenes de Alejandría. Como comentas, Antonio, en ese tiempo no se distinguía como ahora entre tantas ramas del saber.

Feliz año 2010.